Experimento una increible claridad en los momentos en que la naturaleza es tan hermosa. Pierdo la conciencia de mi mismo y las imagenes vienen como en un sueño.
«La distinción entre cordura y locura es más estrecha que el filo de una navaja, más afilada que el colmillo de un sabueso, más ágil que el salto de una gacela. Es más engañosa que el más sutil de los fantasmas. Quizá ni siquiera exista; quizás es un fantasma» (Dick, 1981, p. 70)